Parroquia Ntra. Sra. de la O

Chipiona (Cádiz)

El Chipionero Antonio Pablo Jiménez, nuevo presbítero de la Iglesia

Mié, 18/07/2018 - 12:52 -- jimp

“He descubierto la inmensa necesidad de anunciar al mundo que Cristo está resucitado”

El Chipionero AntonioPablo Jiménez, recibió el Orden Sacerdotal el pasado día 1 de julio en la Catedral de Cádiz en una celebración presidida por el Obispo Diocesano D. Rafael Zornoza. Con gran júbilo ha sido recibido por la comunidad paroquial de Chipiona que arropó al joven neopresbitero. A esta celebración del Orden, le sucedieron la primera Eucaristía en la Parroquia de Nuestra Señora de la O de Chipiona, la parroquia que lo vio nacer, y al dia siguiente en el Santuario de Nuestra Señora de Regla, patrona del muncipio.   

Antonio Pablo, joven chipionero de 32 años, nació por gracia de Dios en el seno de una familia cristiana. Sus padres son Antonio Pablo e Isabel, siendo el cuarto de cinco hermanos y cuenta con siete sobrinos. Recibió el bautismo la noche de Pascua del 30 de marzo de 1986. Ha sido seminarista del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater de Ciudad de Méjico durante nueve años y dos del Seminario Redemptoris Mater de Cádiz.

Gracias a la Iglesia y a su familia ha recibido, con palabras y hechos concretos, la experiencia del amor y la providencia de Dios, a través del testimonio de sus padres. Esto ha sido posible gracias al servicio evangelizador realizado por el Camino Neocatecumenal, que ha sido el medio que Dios ha utilizado para que se de en ellos los dones del matrimonio cristiano, como son la indisolubilidad, la apertura a la vida (sin la cual, Antonio Pablo no habría nacido) y la transmisión de la fe a los hijos, entre otros.

Para Antonio Pablo, la experiencia de la Iglesia ha sido la vivencia de la gratuidad de Dios, a través de ver su amor de manera concreta, en la vida de unos hermanos que le acompañan en la fe en el seno de su comunidad parroquial neocatecumenal. Dios hace la obra que, siendo personas totalmente distintas, les une el amor de Cristo y el amor a todo lo que la Iglesia les proporciona: amor a la liturgia, a los sacerdotes, a nuestro Obispo, al Papa, y todo ello de una manera tan profunda que, para él, es ya algo imprescindible, vital.

Gracias a todo esto, en el año 2005, tras un tiempo de búsqueda del sentido de su vida, se decidió seriamente a aceptar la llamada de Dios a descubrir su vocación al sacerdocio, en un encuentro pre vocacional en la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia (Alemania). Dios le llamaba a ponerse a disposición de la Iglesia, y le prometía un modo nuevo de ser feliz, no una felicidad efímera, sino una felicidad de verdad con mayúsculas, no a través de proyectos humanos, sino con la felicidad que supone la donación por medio de Cristo a su Iglesia.

Un momento clave para él fue el año 2007, cuando fue invitado a una convivencia a Porto San Giorgio (Italia) con los iniciadores del Camino, junto a otros jóvenes de todo el mundo. Con una alegría indescriptible, en esos días se fueron completando cada uno de los más de ochenta seminarios misioneros que entonces había –hoy superan los 100–. Fue una sorpresa y una gracia que le tocara Méjico.

Por supuesto que al principio le fue difícil dejar su tierra, pero le fue muy fácil amar este nuevo destino, por su gente, por su acogida y sobre todo por la fe que ha podido ver en ellos. También ha sido un modo de ver cumplido el Evangelio: “Todo el que deje casa, padre, madre, hermanos (…) recibirá cien veces más en casas, padres, madres, hermanos (…)”.

Gracias a que el seminario tiene el carisma de ser misionero, de ir a anunciar el Evangelio al mundo entero, ha estado dos años de misión en Chicago y uno más en la  zona de Texcoco – Teotihuacán (Méjico), experimentando la Providencia tanto en lo material como en lo espiritual y la gracia de evangelizar, dejando todas sus comodidades y entregándole su vida completamente al Señor. También ha descubierto la inmensa necesidad de anunciar al mundo que Cristo está resucitado, y que salva, que cura realmente, como ha visto en personas concretas.
Los caminos del Señor no son nuestros caminos, son mucho mejores. Cuando todo parecía indicar que Pablo iba a prestar su servicio como sacerdote al otro lado del Atlántico, el Señor lo movió todo para que terminara en el recién erigido Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater de Cádiz. Seguro que la Virgen de Regla tuvo algo que ver. Así, al año de su estancia en tierras gaditanas, fue ordenado diácono de la Iglesia el día 1 de julio de 2017, en la Catedral de Cádiz, por el obispo Don Rafael Zornoza, siendo destinado a la Iglesia Mayor de San Fernando donde ha desempeñado su labor hasta el día de hoy.

Su experiencia a lo largo de estos años en el seminario y luego como diácono es que Dios le ha acompañado y le ha dado gracia tras gracia. La Iglesia le ha tratado con discernimiento, con paciencia y misericordia. También una inmensa riqueza ha sido la convivencia en el seminario, con seminaristas de distintos países del mundo, viviendo así la comunión, compartiendo la misma llamada a ser sacerdotes humildes, santos y misioneros.

Su obispo Diocesano ya le anució que permanecería en la Iglesia Mayor de San Fernando en Cádiz, como Vicario Parroquial, en ayuda al actual Párroco que además es el Rector del Seminario DIocesano Misionero Redemptoris Mater de Cádiz. 

Ahora nosotros, todos los que estamos aquí tenemos la tarea de rezar por él.
¡¡¡Que Dios te bendiga Pablo!!!!

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